Aprender a darnos permiso

Si hay algo que nos cuesta a las mujeres es darnos permiso. Para parar. Para llorar. Para decir no. Para sentir. Para cualquier cosa. Y aprender a darnos permiso en el duelo es imprescindible.

Creo que ya he hablado de esto alguna vez, pero no me cansaré de repetirlo, porque nos cuesta. Y hablo en plural, sí, porque a mí también me cuesta. Te quiero explicar algo. Yo tenía un plan maravilloso para estos meses. Retomaría todo el contenido del podcast. Prepararía las entrevistas que tengo pendientes para, en septiembre, volver a tope. Seguiría dándole vueltas a mi proyecto, empezaría a formar parte de otros proyectos (de los cuales os hablaré en breve) y, por fin, toda la energía que he ido poniendo en todo esto me impulsaría a seguir…

Pues no. No ha sido así…

LA VIDA, EL DUELO Y SUS PLANES

Hace tiempo que siento que ya no estoy en duelo, que estoy en un lugar de paz, de aceptación. Pero en Junio empecé a tener un runrún, una sensación de incomodidad y malestar que reconocía de momentos más bajos de mi duelo. No entendía muy bien qué pasaba, aunque sí que lo entendía, pero no quería dejar entrar a ese intruso otra vez. Después de cuatro meses de confinamiento, el lanzamiento de la web y del servicio de acompañamiento, muchas críticas y muchas decepciones (soy de las personas a las que le afectan lo que dicen de ella, sigo trabajándolo), muchas horas y poco interés en el servicio, una vasectomía, la organización de una mudanza, vacaciones, noticias de embarazo y la gestión emocional de todo esto con una niña, mientras vivíamos aquí y allá, me puso a prueba…

Y, después de las vacaciones de Julio, no pude volver como tenían planeado. No tenía ganas de escribir, ni de moverme por el proyecto. Sólo quería cocinar, leer y ocuparme de mi nuevo proyecto de vida. Tengo que decirte que de todo ese entramado tenía claro lo que me estaba haciendo tilín: dejar mi hogar. Dejar el único lugar donde Pol y Gala habían existido. Dejar un lugar lleno de recuerdos impregnados en las paredes. Eso sumado a alguna noticia de embarazo y la vasectomía que se hizo Alex. Todo junto era mi nueva realidad. Todo junto era mi evolución. Y yo pensaba que después de la aceptación venía la paz y punto. Pues no, muchas de vosotras me habéis enseñado que después de la aceptación viene la evolución y esta era mi evolución. Pero, claro hasta que lo entiendes…

DARNOS PERMISO

Hasta que lo entiendes y te das permiso, pasa un rato. A veces me sorprende que, pese a todo lo aprendido estos años, aún me cueste tanto darme permiso. De forma consciente, humilde y respetuosa conmigo misma. Me he pasado dos meses nerviosa, enfadada y diciéndome que todo estaba mal. Todas las decisiones, todas las acciones y toda yo. Y me decía esto, porque no me daba permiso. Permiso para digerir. Permiso para descubrir. Permiso para sentir y permiso para parar y mirarme todo eso. Lo sé, la mayoría no podemos darnos el permiso de parar. Ya sea por una cuestión económica, ya sea por una cuestión familiar o profesional. Pero también pienso que a veces nos ponemos excusas, al menos yo lo hago, porque es más fácil decirme que qué mal todo que asumir que necesito tiempo, que necesito mirar para adentro, analizar lo que me pasa y siento y decir… ¡Ah! Vale, es esto lo que pasa. Autocuidado. Ponerme en el centro. Qué mal se me da.

No sé si has pasado por una muerte gestacional. No sé si has vivido ese duelo consciente desde el primer momento. Pero si, como la mayoría de mujeres, te has creído ese “no pasa nada, mujer” y has seguido, este malestar te sonará. El malestar que te dice que no es eso lo que necesitas, el malestar al que no le das permiso porque no está bien visto, o porque te asusta o por ves a saber qué…

Quiero compartirte mi malestar para que quizás le hagas un huequecito al tuyo. He estado meses en silencio, permitidas únicamente las últimas semanas dónde he aprendido a respetar mis tempos, los de mi duelo y su evolución (otra vez). Y cuando, después de darme permiso, me vuelvo a sentar aquí, para escribirte, me siento liberada. Liberada de todo lo que tengo que hacer pero no quiero hacer. De cómo debería sentirme, pero no me siento. De todo eso que, por ser mujer, parece que nos viene marcado, pero ahora sé que puedo borrar…

Hoy, este post es un nuevo comienzo. Sigo reubicándome en mis nuevas emociones y descubrimientos (otro día te hablaré del post-duelo largo y tendido) y mis proyectos van a seguir moldeándose y evolucionando. De momento, he vuelto para acompañarte con mis descubrimientos porque, ¿sabes una cosa? Tú tampoco estás sola

Cuéntame y cuéntanos… ¿Te has dado permiso para vivir y sentir tu duelo? ¿En qué te cuesta más darte permiso? ¡Te leo!

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Photo by Vijendra Singh on Unsplash

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